del Toboso puede ser olvidada, ni en don Quijote puede caber olvido; su blasón es la constancia, y su profesión, el mantenerla sin mancha de la
—¿Quién es este que nos responde? —dijeron en la habitación de al lado.
—Pues ¿quién había de ser —dijo Sancho—, sino el mismo don Quijote de la Mancha, el cual cumplirá cuanto ha dicho y cuanto dijere, que al buen pagador no le duelen prendas?
Apenas había pronunciado Sancho estas palabras, cuando dos caballeros, tales parecían ser, entraron en la sala, y el uno dellos, echándole los brazos al cuello a don Quijote, le dijo: —Ni vuestra presencia puede negar quién sois, ni vuestra presencia puede dejar de ser conocida de vuestro nombre; sin duda, señor, que vos sois el verdadero don Quijote de la Mancha, norte y lucero de la caballería andante, a pesar y a pesar de aquel que ha querido usurpar vuestro nombre y acabar vuestras hazañas, como lo ha hecho el autor de este libro que aquí os entrego; —y con esto le puso en las manos un libro que traía su compañero, el cual don Quijote le tomó, y, sin responder palabra, le comenzó a ojear; y al cabo de un poco le volvió, diciendo: —En lo poco que he visto he hallado tres cosas en este autor dignas de reprehensión.
- La primera es algunas palabras que he leído en el prólogo;
- la segunda, que el lenguaje es aragonés, porque algunas veces escribe sin artículos;
- y la tercera, que sobre todo la acredita de ignorante, es que se tropieza y se desvía de la verdad en lo más principal de la historia, porque aquí dice que mi escudero Sancho Panza se llama Mari Gutiérrez, y no se llama así de ninguna manera, sino Teresa Panza;
y cuando en una cosa tan principal como esta se yerra, hay mucho que temer que no se yerre en todos los demás puntos de la historia.