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nydus/Don QuixotePublic
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XXVI

Y respondió el maese Pedro desde adentro: —Muchacho, no te metas en dibujos, sino haz lo que este caballero te manda, que es el camino derecho; canta tu canto llano, y no te metas en contrapuntos, que se suelen quiebra las voces de puro delgadas.

—Así lo haré —dijo el muchacho—, y pasó a decir—: Esta figura que ves aquí a caballo, cubierta con una capa gascona, es el mismo don Gaiferos, a quien su esposa, ya vengada de la afanada injuria del moro amador, y poniéndose en el balcón de la torre con más sosegado y tranquilo semblante, ha mirado sin reconocerle; y le habla a su marido, juzgándole que es algún pasajero, y trata con él toda aquella plática y coloquio del romance que dice:

Si vos, señor caballero, vais camino de Francia, ¡preguntad por Gaiferos!

el cual no repito aquí porque la digresión engendra hastio; bástenos advertir cómo don Gayferos se descubre, y cómo por sus alegres muestras Melisendra nos da a entender que le ha conocido; y más que vemos que se desuelga del balcón, y se pone sobre las ancas del buen caballo de su esposo. ¡Mas ¡ay! triste, que se le ha asido un cabo del talle de la basquiña a uno de los herrajes del balcón, y se queda pendiente en el aire, sin poder llegar al suelo! Mas ¡ved cómo el cielo piadoso acude a las mayores necesidades!, que don Gayferos llega, y, sin mirar si se rompe o no la rica basquiña, la asiste y la trae a tierra, y luego, de un salto, la pone sobre las ancas de su caballo, a horcajadas como hombre, mandándole que se tenga fuerte y que abra los brazos y los llegue alpecho de modo que no se caiga, porque la señora Melisendra no estaba acostumbrada a aquel género de cabalgar. Mirad también cómo el relincho del caballo muestra el gusto que tiene de la valiente y hermosa carga que lleva en su señor y en su señora.

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