esperanzas; y por eso quiero castigarme a mí misma e imponerme la pena que tu culpa merece. Y para que veas que, siendo tan implacable conmigo misma, no puedo ser de otra manera contigo, te he llamado para que seas testigo del sacrificio que pienso ofrecer al agraviado honor de mi honrado esposo, ultrajado por ti con toda la asiduidad de que fuiste capaz, y por mí también a causa de la poca cautela que tuve en evitar toda ocasión —si alguna di— de fomentar y autorizar tus viles designios. Una vez más digo que la sospecha que tengo de que alguna imprudencia mía ha engendrado en ti estos desmedidos pensamientos es lo que mayor pena me causa y lo que con más deseos quiero castigar por mis propias manos, pues si se emplease cualquier otro instrumento de castigo, mi yerro tal vez llegaría a ser más conocido; mas, antes de hacerlo, en mi muerte pienso dar la muerte y llevarme a uno que sacie por completo mi anhelo de la venganza que espero y tengo; porque veré, doquiera que fuere, el castigo impuesto
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