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nydus/Don QuixotePublic
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XXXIII. La curiosidad mal aconsejada

alguna ligereza que me ha animado a descubrirle mi mal deseo; y si ella se tiene por deshonrada, su deshonra te toca a ti, como parte suya; y de aquí nace lo que tan ordinariamente se suele decir, que el marido de la mujer adúltera, aunque él no sepa ni haya dado causa para que su mujer falque a su obligación, ni haya sido (por descuidado o negligente) parte para poderlo estorbar, con todo eso, es llamado con nombre infame y oprobioso, y a las veces es mirado con ojos de menosprecio antes que de piedad de todos aquellos que saben la maldad de la esposa, aunque ven que el desdichado no lo es por su culpa, sino por el apetito de la torpe consorte. Mas yo te diré la causa por qué con justa razón se infama el marido de la mujer deshonesta, aunque él no lo sepa, ni tenga culpa, ni haya hecho ni dado ocasión para serlo; y no te Canses de escucharme, que habrá de ser para tu bien.

“Cuando Dios crió a nuestro primer padre en el paraíso terrenal, dice la Sagrada Escritura que infundió sueño en Adán, y estando durmiendo le sacó una costilla del lado izquierdo, de la cual formó a nuestra madre Eva; y en despertando Adán y viéndola, dijo: ‘Esta es carne de mi carne, y hueso de mis huesos’. Y dijo Dios: ‘Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y serán los dos en una carne sola’; y entonces se instituyó el divino sacramento del matrimonio, con taleslazos, que solo la muerte los puede desatar. Y es la fuerza y virtud deste milagroso sacramento tanta, que hace que dos diferentes personas sean una misma carne; y aun hace mucho más en los casados que bien viven, que, aunque tienen dos almas, no tienen sino una sola voluntad. Y de aquí se sigue que, como la carne de la esposa sea una misma con la del esposo, las manchas que en ella caen, o los daños que se ataja, redundan en la carne del marido, puesto que él, como se ha dicho, no

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