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nydus/Don QuixotePublic
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XX

A todo esto Sancho no replicó palabra, porque estaba durmiendo, ni despertara tan presto como despertó si don Quijote no le hubiera hecho volver en sí con los golpes del cuento de la lanza.

Despertó al fin, mohíno y perezoso, y, mirando a todas partes, dijo: —A lo que creo, señor, de la parte de aquella arboleda sale un bafio y olor mucho más de torreznos fritos que de juncias ni de tomillo; bodas que por tales olores comienzan, a mi parecer, deben de ser abundantes y generosas.

—Basta ya, glotón —dijo don Quijote—; vamos, y veamos las bodas deste desaforado, y qué es lo que hace el desdichado Basilio.

“Que haga lo que le parezca —respondió Sancho—; no faltaba más sino que, por no ser rico, se hubiese de casar con Quiteria. ¡Ir a buscar un mayorazgo para sí, y él sin blanca!, ¿hay cosa que ver? ¡Válame Dios, señor!, a mi parecer, el pobre se debe contentar con lo que halla, y no ir a buscar panes de trigo a las torterías.

Apuesta a que puede enterrar Camacho a Basilio en maravedís; y si esto es así, como ello es sin duda, ¡necia sería Quiteria si rehusase los galanes y joyas que Camacho le debe de haber dado y le puede dar, por escoger los lanzamientos de barra y cuchilladas de Basilio! Un cuartillo de vino no dan en la taberna por un buen lanzamiento de barra ni por una estocada limpia.

Habilidades y gracias que no se coman, ¡quédense con el conde Dirlos!; mas quien tiene buenos doblones, ¡o tal es mi ventura y tan bien le están! Sobre un buen cimiento se puede levantar un buen edificio, y el mejor cimiento y zócalo del mundo es el dinero.”

—Por amor de Dios, Sancho —dijo a esta sazón don Quijote—, acabe esa retahíla; que tengo para mí que, si a ti te diesen lugar para proseguir todas las que comienzas a cada instante, no te quedaría tiempo para comer ni para dormir, pues te lo gastarías todo en hablar.

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