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nydus/Don QuixotePublic
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XXX

marido, le contó mientras don Quixote venía todo el recado; y como entrambos habían leído la Primera Parte desta historia, y por ella sabían el disparatado humor de don Quixote, le aguardaron con el mayor gusto y deseo de conocerle, con intención de seguirle el humor y darle la razón en todo cuanto dijese, y de tratarle, en el tiempo que con ellos estuviese, como a verdadero andante caballero, con todas las ceremonias acostumbradas en los libros de caballerías que ellos habían leído, que eran muy aficionados a ellos.

Llegó en esto don Quijote con la vizera alzada, y como hizo ademán de des montar, acudió Sancho a tenerle el estribo, con tanta mala dicha, que al des montar del Rucio se le enredó el pie en uno de los cordones de la albarda de modo que no lo pudo desenredar, y se quedó colgado de él con la boca y el pecho en el suelo.

Don Quijote, que no estaba acostumbrado a desmontar sin que le tuviesen el estribo, creyendo que Sancho le tenía llegado, se arrojó de golpe, y con él trago la silla de Rocinante, que sin duda estaba mal cinchada, y la silla y él vinieron al suelo, no sin vergüenza suya y con muchas maldiciones que entre dientes arrojaba contra el desdichado Sancho, que aún tenía el pie en el dogal.

Mandó el duque a sus cazadores que fuesen a socorrer al caballero y al escudero, los cuales levantaron a don Quijote, algo maltrecho de la caída; y él, cojeando, con la mejor traza que pudo, se fue a hincar de rodillas ante los dos nobles. Pero el duque no lo consintió en ninguna manera; antes, apeándose del caballo, fue a abrazar a don Quijote, diciéndole: —Cúsome, señor Caballero de la Triste Figura, de que vuestra primera entrada en mi tierra haya sido tan tarrascada como hemos visto; mas la negligencia de los escuderos suele ser causa de mayores desgracias.

—Lo que me ha acontecido en conoceros, gran príncipe —respondió don Quijote—, no puede ser desdichado, aunque mi caída no hubiera

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