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nydus/Don QuixotePublic
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I. Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo don Quijote de la Mancha

casi por completo el ejercicio de la caza y hasta la administración de su hacienda; y tanto llegó su curiosidad y desatino en esto que vendió muchas hanegas de tierra de labor para comprar libros de caballería que leer, y llevó a su casa todos cuantos pudo haber.

Pero de todos ninguno le agradaba tanto como los que compuso el famoso Feliciano de Silva, porque la claridad de su prosa y aquellas intrincadas razones le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos fechos y recuentos de amores, donde muchas veces hallaba escritos pasos como «la razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra hermosura»; y también cuando leía: «los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas se fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que su grandeza merece». Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mismo Aristóteles, si resucitara para sólo ello.

No estaba nada tranquilo con respecto a las heridas que don Belianis daba y recibía, porque le parecía que, por muy grandes que hubiesen sido los cirujanos que lo curaron, no dejaría de tener el rostro y todo el cuerpo cubiertos de costuras y cicatrices.

Alababa, sin embargo, la manera en que el autor acababa su libro con la promesa de aquella inacabable aventura, y muchas veces le faltó poco para tomar la pluma y darle fin al modo que allí se promete, lo cual sin duda alguna hiciera, y aun con buen suceso, si otros mayores y más continuados pensamientos no se lo estorbaran.

Muchas discusiones tuvo con el cura de su lugar (hombre culto y graduado en Sigüenza) sobre cuál había sido mejor caballero: Palmerín de Inglaterra o Amadís de Gaula. Maestro Nicolás, barbero del mismo pueblo, solía decir, sin embargo, que ninguno llegaba al Caballero del Febo, y que si alguno se le podía

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