interpretar la mayor parte de estas palabras y frases, pues aunque ella hablaba la lengua bastarda que, como he dicho, se usa allí, se explicaba más por señas que por palabras.
Aún estábamos enfrascados en esta conversación, cuando llegó un moro corriendo, exclamando que cuatro turcos habían saltado la cerca o tapia del jardín y estaban cogiendo la fruta, aunque todavía no estaba madura. El viejo se sobresaltó y Zoraida también, porque los moros, por lo común y, por decirlo así, por instinto, tienen pavor a los turcos, y en especial a los soldados, los cuales son tan insolentes y dominantes con los moros que están bajo su poder, que los tratan peor que si fueran sus esclavos.
El padre le dijo a Zoraida: —Hija, retírate a casa y enciérrate mientras yo voy a hablar con estos perros; y tú, cristiano, coge tus hierbas y vete en paz, y que Alá te lleve con bien a tu tierra.