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nydus/Don QuixotePublic
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XIV

—No es mala tu advertencia —dijo don Quixote—, porque de los enemigos los menos son mejores; y iba a desenvainar la espada para poner en efecto el consejo y parecer de Sancho, quando llegó el escudero de los Espejos, sin las narices ya que le habian feado tan toscamente, y dando grandes bozes, dixo: —Mire lo que haze, señor don Quixote, que aquel que tiene a los pies es su amigo el bachiller Sansón Carrasco, y yo soy su escudero.

—¿Y la nariz? —dijo Sancho, viéndole sin el feísimo mentís que antes tenía—; a lo que él respondió: —Aquí la tengo en la malilla —y, metiendo la mano en el albardón derecho, sacó una nariz de cartón barnizada, de las facciones ya dichas; y Sancho, mirándole más y más, exclamó con voz admirativa y grande: —¡Válgame Dios santo! ¿Pues no es Tomé Cecial, mi vecino y compadre?

“¡Pues, vive Dios que lo soy! —respondió el ya sin narices escudero—; Tom Cecial me llamo, compadre y amigo Sancho Panza, y yo os diré luego los medios y las trazas y las mentiras con que aquí me trajeron; y, entretanto, suplicad y rogad a vuestro amo que no toque, maltrate, hiera ni mate al Caballero de los Espejos que tiene a sus pies; porque, sin duda alguna, es el atrevido y mal aconsejado bachiller Sansón Carrasco, nuestro convecino”.

En este momento volvió en sí el del Bosque, y, viendo que don Quixote le tenía la punta de la espada desnuda sobre el rostro, le dixo: > —Hombre sois muerto, caballero, si no confesáis que la sin par Dulcinea del Toboso vence en hermosura a vuestra Casildea de Vandalia; y habéis de añadir a esto que, si salviéndose de este trance y batalla vuestra quedáredes

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