razones, advertido con los embustes, cuerdo con los ejemplos, encendido contra el vicio y enamorado de la virtud; que de todos estos afectos ha de sacar el que oyere una comedia, por rústico o tascado que sea; y de toda imposibilidad es imposible dejar de entretener, satisfacer y contentar mucho más una comedia que tenga todas estas partes que otra que carezca dellas, como comúnmente son la mayor parte de las que de ordinario se representan. Ni tienen la culpa desto los poetas que las escriben; que algunos hay dellos que conocen muy bien en lo que yerran y saben lo que deben hacer; mas, por ser las comedias mercadería vendible, dicen, y dicen verdad, que no las quieren los recitadores si no son de aquel jaez; y así, el poeta procura acomodarse con el que le ha de pagar su obra, con la cual gana su pan. Y que esto sea verdad véese por los innumerables dramas que un felicísimo ingenio destos reinos ha compuesto, con tanta gala, con tanta gracia y donaire, con tan lustrosa versificación, con tan buenos términos, con tan graves sentencias y, finalmente, tan llenas de elocuencia y alteza de estilo, que ha llenado el mundo de su fama; y con todo eso, por quererse acomodar al gusto de los recitadores, no todas han salido tan perfectas como debieran, según las que tienen partes. Otros escriben comedias con tanta inconsideración que, después de representadas, los recitadores huyen y se esconden, con temor de ser castigados, como muchas veces lo han sido, por haber representado cosas ofensivas a algunos reyes o vituperiosas a algunos nobles. Los cuales males, y otros muchos que se callan, se templarían con que hubiese en la corte una persona inteligente y discreta que examinase todas las comedias antes que se representasen, no solamente aquellas que se hiciesen en la corte, sino todas las que se quisiesen representar en España; sin cuyo visto bueno, sello y firma, ninguna justicia en su lugar
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