parecer eran muy suficientes, de que era costumbre de los caballeros andantes dormir en los campos y florestas antes que en las poblaciones, aunque fuesen debajadores de techos dorados; y así se apartó un poco del camino, muy a pesar de Sancho, a quien le volvieron a la memoria las buenas posadas que había tenido en el castillo o casa de Don Diego.
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