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nydus/Don QuixotePublic
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V

Mira, bellaco y ansias (que ansí te puedo llamar, pues no entiendes mis razones y huyes de la buena dicha), si yo hubiera dicho que mi hija se había de arrojar desde una torre, o andar por el mundo a lo desbalaguetado, como quiso andar la infanta Doña Urraca, tuvieras razón en no venir en el gusto mío; pero si en un abrir y cerrar de ojos le pongo el «don» y «señoría» a cuestas, y la saco del rastrojo y la pongo en un estrado, debajo de un dosel, y en una silla de espaldar, con más almohadas de terciopelo que tuvieron los almohades de Marruecos en su linaje, ¿por qué no has de consentir y conformarte con mi voluntad?

—¿Sabéis por qué, marido? —respondió Teresa—; por aquel refrán que dice: «Quien te cubre, te descubre». Al pobre solapadamente le miran todos, y al rico le hincan los ojos; y si el rico fue un tiempo pobre, ¡ahí es el murmurar y el reprochar y el maldecir de los maldicientes, que por las calles bullen como abejas!

—Mira, Teresa —dijo Sancho—, y escucha lo que ahora te voy a decir; quizá no lo habrás oído en todos los días de tu vida; y yo no hablo por invención propia, que lo que voy a decir son opiniones del reverendo predicador que predicó en este lugar la cuaresma pasada, el cual dijo, si mal no recuerdo, que todas las cosas presentes que nuestros ojos ven se nos ponen delante, y quedan y se fijan en la memoria mucho mejor y con más fuerza que las cosas pasadas.

Estas observaciones que Sancho hace aquí son las otras por las cuales dice el traductor que tiene este capítulo por apócrifo, en cuanto que son de más capacidad que Sancho tiene.

—De donde nace —prosiguió— que, cuando vemos a alguna persona bien vestida y que hace figura con ricos trajes y un acompañamiento de criados, nos parece que nos inclina y fuerza a respetarla, aunque la memoria nos represente a un mismo tiempo algún bajo estado en que la hayamos visto, el cual, ora haya sido de pobreza o de baja alcurnia, siendo

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