Acercándose a ellos, el mancebo los saludó con voz áspera y ronca, pero con mucha cortesanía.
Don Quixote le devolvió el saludo con no menor comedimiento, y apeándose de Rocinante, con gentil continente y donaire se adelantó a abrazarle, y le tuvo un buen espacio en sus brazos asido, como si de largo tiempo le conociera.
El otro, a quien bien se le puede llamar el Roto de la Mala Figura, como a don Quixote el de la Triste, después que se dejó abrazar, le apartó un poco de sí, y poniéndole las manos en los hombros, le estuvo contemplando, como si le quisiera conocer, no menos admirado, tal vez, de ver la cara, talle y armas de don Quixote, que don Quixote lo estaba de verle a él.
En resolución, el primero que habló después de abrazados fue el Roto, y dijo lo que se dirá adelante.