dando voces y diciendo: —¡Deteneos, esperad, gente canalla, que un solo caballero os espera, el cual no es de condición ni de parecer de los que dicen: "A enemigo que huye, puente de plata"! Mas no por eso los que huían curaban de detenerse, ni hacían más caso de sus amenazas que de las nubes de los años pasados. Detuvo el paso a Don Quixote el cansancio, y más airado que vengado, se sentó en el camino a esperar que Sancho y Rocinante y el rucio llegasen. Llegaron el amo y el mozo, y montando otra vez, sin despedirse de la fingida o imitada Arcadia, con más desprecio que gusto continuaron su camino.
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LVIII
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