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nydus/Don QuixotePublic
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XXVII. De cómo el cura y el barbero pusieron por obra su traza

aquella noche hablé con Luscinda, y díjele lo que con don Fernando se había concertado, y la esperanza que tenía de que nuestros justos y razonables deseos vinieran a efecto. Ella, tan segura como yo de la maldad de don Fernando, me rogó que procurase volver presto, pues creía que no se dilataba la conclusión de nuestros deseos más de lo que tardase mi padre en hablar al suyo. No sé qué fue esto, que, en diciéndome esto, se le llenaron los ojos de lágrimas y se le formó un nudo en la garganta que le estorbó decir otras muchas palabras que mostraba querer decir y se esforzaba a pronunciar. Quedé confuso con este no visto jamás accidente en ella, porque siempre que la buena suerte y mi industria nos daba lugar conversábamos con la mayor alegría y contento del mundo, sin mezclar en nuestras pláticas lágrimas ni suspiros, celos, recelos ni temores; todo era por mi parte encarecer mi ventura en habérmela dado el Cielo por señora; alababa su hermosura, ensalzaba su valor y su entendimiento; y ella me pagaba alabando en mí lo que en su amor le parecía digno de ser alabado; y, fuera de esto, teníamos que contar cien mil naderías y acaecimientos de nuestros vecinos y conocidos, y lo más a que llegaba mi atrevimiento era a tomarle, casi por fuerza, una de sus blancas y hermosas manos y llevarla a mis labios, cuanto el estrecho término de la baja reja que nos dividía permitía. Pero la noche antes del infeliz día de mi partida lloró, sollozó, suspiró y se retiró, dejándome lleno de confusión y asombro, temeroso de ver tan extrañas y dolorosas muestras de sentimiento y pesadumbre en Luscinda; mas, por no destruir mis esperanzas, lo achaqué todo a la fuerza del amor que me tenía y al dolor que la separación causa a los que bien se quieren. En resolución, yo partí triste y pensativo, el corazón lleno de imaginaciones y sospechas, sin saber qué sospechaba ni qué imaginaba: claros indicios que pronosticaban el triste suceso y desdicha que me aguardaba.

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