CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Don QuixotePublic
Página 479 de 1353
Table of Contents

XXXIV

Lotario, sin decir cosa alguna a su marido por no ponerle en pendencias ni en debates; y aun comenzó a pensar cómo excusaría a Lotario con Anselmo cuando le preguntase la causa que la había movido a escribir aquella carta. Con estos pensamientos, más honrados que discretos ni provechosos, se estuvo el día siguiente escuchando a Lotario, el cual apretó tanto la cerca, que comenzó a vacilar la entereza de Camila, y la honestidad tuvo harto que hacer en acudir a los ojos para estorbar que no mostrasen cierta tierna compasión que las lágrimas y ruego de Lotario habían despertado en su pecho. Todo esto advertía Lotario, y todo le encendía. En conclusión, él vio que le importaba, en ausencia de Anselmo, proseguir la conquista de la fortaleza, y así asaltó su estimación con lo de alabar su hermosura; porque no hay cosa que más presto rinda y allane las torres de la vanidad de las hermosas que la misma vanidad puesta en la lengua del lisonjero. Finalmente, con tanta solicitud socavó la roca de su entereza, que, a ser Camila de bronce, debiera de haber caído. Lloró, rogó, prometió, lisonjeó, importunó, fingió con tantas veras y con tantas muestras de lástima, que atropelló los buenos propósitos de Camila y vino a triunfar de lo que menos esperaba y más deseaba. Camila rindióse, Camila cayó; pero ¿qué mucho, si la amistad de Lotario no pudo en pie? Claro documento que nos muestra que la pasión amorosa sola con huir se vence, y que nadie se debe poner a trillar con tan poderoso enemigo, porque es menester fuerzas divinas para vencer las humanas. Sola Leonela supo la flaqueza de su señora, que los dos malos amigos y nuevos amantes no la pudieron encubrir. No quiso Lotario decir a Camila el fin que Anselmo llevaba, ni que le había dado lugar para llegar a aquel punto, porque no tuviese en menos su amor y pensase que por casualidad, y sin intención, y no de propósito, la había enamorado.

479