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nydus/Don QuixotePublic
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LII. Del reñir que tuvo don Quijote con el cabrero, con la rara aventura de los encubiertos, a quien dio felice fin...

El cabrero lo miró fijamente y, al reparar en la mal trecha figura y el aspecto de don Quijote, se quedó asombrado y preguntó al barbero, que iba a su lado: —Señor, ¿quién es este hombre que tiene semejante traza y habla de ese modo?

—¿Quién ha de ser —dijo el barbero— sino el famoso don Quijote de La Mancha, el desfacedor de agravios, el reparador de quiebras, el amparador de las doncellas, el terror de los gigantes y el ganador de las batallas?

—Eso —dijo el cabrero— huele a lo que se lee en los libros de los caballeros andantes, que hacían todo lo que decit que este hombre hace; aunque para mí tengo que o vuestra merced bromea, o este caballero tiene vacías las moradas de la cabeza.

—Gran sinvergüenza sois vos —dijo don Quijote—, y el vacío y el falto sois vos; que yo estoy más lleno que la puta que os parió; y, pasando de las palabras a los obras, cogiendo un pan que cerca dél estaba, se le arrojó al cabrero en el rostro, con tanta furia, que le rompió las narices; mas el cabrero, que no sabía de burlas, viéndose tan maltratado de veras, no teniendo cuenta con la alfombra ni con los manteles ni con los comensales, saltó sobre don Quijote, y, asiéndole del cuello con ambas manos, sin duda alguna le ahogara, a no acudir Sancho Panza en aquel instante, el cual, asiéndole por las espaldas, le dio con él en mitad de la mesa, haciendo añicos platos, rompiendo vasos, derramando y desparramando cuanto en ella estaba. Don Quijote, viéndose libre, procuró ponerse encima del cabrero, el cual, con las narices bañadas en sangre, y todo dello pateado de Sancho, andaba a gatas buscando por el suelo algún cuchillo de la mesa para hacer sangrienta venganza; mas estorbárnoslo (mas el canónigo y el cura se lo estorbaron), sino que el barbero hizo de modo que dejó a don Quijote debajo, sobre el cual llovió tal nublado de puñadas, que de la cara del pobre hidalgo llovía sangre tan a chorros como de la del cabrero.

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