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nydus/Don QuixotePublic
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XXVII

que los rebuznadores fuesen alcaldes o regidores, con tal que todos rebuznasen, que tan buen talle tiene el alcalde para rebuznar como el regidor. Finalmente, ellos vinieron a conocer claramente que el pueblo afrentado habia salido a dar la batalla a otro que le habia vizcondeado, mas de lo justo y bueno.

Don Quijote se fue poniendo con ellos, no poco descontento de Sancho, que nunca gustó de enteterse en semejantes dependencias. Los de la cuadrilla le recibieron en medio de ellos, tomándole por persona que era de su bando.

Don Quijote, alzando la visera, se llegó con gentil continente y donaire al estandarte del asno, y los principales del hueste se cerco de él a mirarle, admirados con la común extrañeza que a todos les causaba el verle por la primera vez.

Don Quijote, viendo que le miraban con tanta atención, y que ninguno le hablaba ni le preguntaba nada, determinó de aprovecharse del silencio, y rompiendo el suyo, alzó la voz y dijo: —Valerosos señores, suplicóos encarecidamente que no interrumpáis la plática que pienso haceros, hasta tanto que veáis que os desagrada o empacha; que en llegándose a este punto, con la mínima seña que me hagáis, pondré un sello en los labios y una mordaza en la lengua.

Todos le rogaron que dijera lo que quisiera, pues le escucharían de buen grado.

Con esta licencia, don Quijote prosiguió diciendo: > —Yo, señores, soy un caballero andante, cuyo ejercicio es el de las armas, y cuya profesión es favorecer a los menesterosos y acorrer a los necesitados. Días ha que

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