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nydus/Don QuixotePublic
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XXXIII. La curiosidad mal aconsejada

porque tengo para mí, amigo, que no es más buena una mujer de aquello que es o no es tentada, y que sola aquella es fuerte que no cede a las promesas, a las dádivas, a las lágrimas y a las importunidades de los solicitadores amantes; porque ¿qué gracias tiene que una mujer sea buena si nadie la ruega que sea mala, o qué mucho que sea encogida y recatada aquella a quien no dan ocasión de desmandarse y que sabe que tiene marido que la quitará la vida al primer yerro que la coja? No tengo yo, por lo tanto, en la misma estimación a la que es virtuosa por temor o por falta de ocasión que a la que sale de la prueba y tentación con corona de victoria; y así, por estas razones y por otras muchas que te podría decir para justificar y autorizar la opinión que tengo, deseo que mi esposa Camila pase por estostrances, y sea refinada y probada por el fuego de verse rogada, y de persona de quien ella sea estimada; y si della sale, como pienso que saldrá, victoriosa, tendré por inigualable mi ventura, podré decir que está colmado el vaso de mis deseos, y que me cupo en suerte la mujer fuerte, de quien el Sabio dice: «¿Quién la hallará?». Y si el suceso fuere al revés de mis pensamientos, con el gusto de ver que acerté en mi opinión llevaré sin pena la pesadumbre que con razón me debe dar mi tan cara comprada experiencia. Y pues que nada de lo que tú me dijeres en contra de mi deseo ha de aprovechar para dejar de ponerle en efecto, quiero, amigo Lotario, que te dispongas a ser el instrumento con quien se ejecute esta obra que yo pienso, y yo te daré lugar para ello, y no te faltará cosa de cuantas yo viere ser menester para solicitar a una mujer honrada, virtuosa, modesta y recogida. Y muéveme, entre otras razones, a confiarte esta ardua empresa el considerar que si Camila fuere vencida no ha de llegar el vencimiento al cabo, sino al término que le faltará para serlo; y así, no se me hará más que la intención hurtada, y mi injuria quedará sepultada en el silencio de tu recato, el cual sé yo bien que ha de ser tan eterno como el de la muerte en lo que a mí tocase. Si, pues, quieres que yo viva una vida que pueda ser

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