Que trata de cómo Don Quijote se despidió del duque, y de lo que con la discreta y descarada Altisidora, doncella de la duquesa, le avino.
A Don Quijote le pareció entonces que ya era hora de salir de la vida tan ociosa como llevaba en el castillo; porque se imaginaba que hacía mucha falta a los que le necesitaban con dejarse encerrar e inhabilitar entre las muchas grandicias y delicias que, como a caballero andante, sus señores le hacían, y que había de dar a Dios estricto cuento de aquella ociosidad y reclusión; y así, pidió un día a los duques licencia para despedirse de ellos. Dieron se la, mostrando que les pesaba mucho de su partida.
La duquesa entregó las cartas de su mujer a Sancho Panza, el cual las derramó en lágrimas y dijo:
«¿Quién dijera que los tan grandes altivos pensamientos que en el pecho de mi mujer Teresa Panza engendró la nueva de mi gobierno habían de parar en volver a los hueros andares de mi amo don Quijote de la Mancha? Con todo eso, me alegro de que mi Teresa se haya portado como quien es, enviando las bellotas, que si no las enviara, me pesara, y saliera ella a lo menos ingrata. Y consuélame que este presente no le pudieron llamar cohecho, pues ya yo tenía el gobierno dado, y es muy razón que los que reciben un buen fecho muestren su agradecimiento, siquiera con una niñería. En fin, desnudo entré en el gobierno y desnudo salgo; y así, puedo decir con salvaguarda de mi conciencia —que no es poco—: “Desnudo nací, desnudo me encuentro; ni pierdo ni gano”».