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nydus/Don QuixotePublic
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LXX

don Quijote, le dijo: —¿Gustará vuestra merced, señor caballero, tenerme y reputarme en el número de sus más fieles servidores, que yo ha muchos días que soy gran admirador suyo, así por su fama como por sus hazañas?

—¿Gustará vuestra merced de decirme quién es —respondió don Quijote—, para que mi cortesanía corresponda a sus merecimientos?

El mancebo respondió que él era el músico y cantor de la noche pasada.

—A la fe —dijo don Quijote—, que tiene vuestra merced voz extremada; pero lo que cantó no me pareció muy del caso, porque ¿qué tienen que ver las coplas de Garcilaso con la muerte de esta señora?

—No os extrañe eso —respondió el músico—, porque con los poetas noveles de nuestros días la costumbre es que cada cual escriba como le plazca y roba donde elija, venga a cuento o no, y hoy en día no hay ninguna tontería que puedan cantar o escribir que no se atribuya a la licencia poética.

Don Quijote iba a responder, pero se lo impidieron los duques, que entraron a verle, y con ellos se siguió una larga y sabrosa plática, en cuyo discurso dijo Sancho tantas graciosas y disparatadas cosas que dejó a los duques admirados, no solo de su simplicidad, sino de su agudeza.

Pidió don Quijote licencia para partirse aquel mesmo día, por cuanto a un caballero vencido como él le estaba mejor vivir en una majada que en un real palacio.

Dieronseborla muy de buena gana, y preguntó la duquesa si Altisidora estaba en su gracia.

Él respondió: «Señora, dígnese vuestra señoría saber que el mal desta doncella no nace de otra cosa sino de ociosidad, y el remedio dél es el honesto y contino ejercicio. Ella misma me ha dicho que en el infierno se

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