CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Don QuixotePublic
Página 1019 de 1353
Table of Contents

XXXV

No, sino echarme rejos y más rejos, sabiendo el refrán que corre por aquí, que dice: «Asno con oro sube ligero por el monte», y «dádivas quebrantan peñas», y «a Dios rogando y con el mazo dando», y más vale un «toma» que dos «te daré». Y luego mi amo, que debiera acicalarme y alisarme para hacerme blando como lana y algodón cardado, dice que si me coge me ha de atar desnudo a un árbol y duplicarme la cuenta de los azotes; y debieran de mirar esta gente piadosa que no solamente es escudero, sino gobernador el que piden que se azote, ¡como si fuera beber con cerezas! Aprendan, mal fuego los queme, a pedir y a rogar y a mirarse las baras, que no siempre son unos los tiempos, ni están los hombres de un bueno. Yo estoy agora que me salgo de los sastres de dolor por ver roto mi gabán, y ¡vienen a pedirme que me castigue de mi voluntad, teniendo tan poco gusto dello como de hacerme cacique!

—Pues bien, el caso es, amigo Sancho —dijo el duque—, que si no os volvéis más blando que un higo paso, no habéis de coger el gobierno.

Bonita cosa sería enviar yo a mis isleños un gobernador cruel y de entrañas empedernidas, que no se doble a las lágrimas de las doncellas afligidas ni a los ruegos de sabios, graves y antiguos encantadores y sabios.

En fin, Sancho, o habéis de azotaros por vuestra mano, o han de azotaros, o no habéis de ser gobernador.

—Señor —dijo Sancho—, ¿no se me darán dos días de plazo para considerar lo que mejor me conviene?

—No, por cierto que no —dijo Merlín—; aquí, en este instante y en este lugar, se ha de concluir este negocio: o Dulcinea vuelve a la cueva de Montesinos y a su primer ser de aldeana, o en esta misma figura será llevada a los campos elíseos, donde estará esperando hasta que el número de los azotes esté cumplido.

1019