tuve noticia de vuestra desgracia y de la causa que os mueve a tomar las armas a cada paso para vengaros de vuestros enemigos; y habiendo discurrido muchas veces en mi mente acerca de vuestro negocio, hallo que, conforme a las leyes del duelo, estáis engañados en teneros por afrentados; porque un particular no puede afrentar a todo un pueblo, si no es desafiándole en común como a traidor, por no saber en particular quién cometió la traición por quien le desafía. Ejemplo de esto tenemos en don Diego Ordóñez de Lara, que desafió a todo el pueblo de Zamora, por no saber que Vellido Dolfos solo había cometido la traición de matar a su rey; y por eso los desafió a todos, y a todos tocó la venganza y la respuesta; aunque el señor don Diego se fue algo adelante, y aun mucho más allá de los límites del desafío, porque no tenía para qué desafiar a los muertos, ni a las aguas, ni a los peces, ni a los que estaban por nacer, y otras menudencias que por allí se cifran; pero pásese esto, que cuando la cólera sale de madre, no hay padre, gobernador ni freno que la guarde. > > Siendo, pues, esto así, que ninguna sola persona puede afrentar a un reino, provincia, ciudad, república o comunidad entera, claro está que no hay que salir a vengar el desafío de semejante afrenta, pues no lo es. ¡Hermosa cosa sería que los de la villa del Reloj anduviesen a cada paso a grecas con todos cuantos los llaman destos nombres, o los Cazoleros, los Berengeneros, los Ballenatos, los Jaboneros, o los nombres y sobrenaúdes que a cada paso traen por los hocicos los muchachos y la gente vulgar! ¡Bueno fuera que todas estas ilustres ciudades se enojen y tomen venganza, y anden hechas unos trombones las espadas en cualesquier pendencias de poca importancia! No, no; assí
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