caso, según sus propias palabras, no había esperanza alguna. > > Le respondí —más porque mi lengua es de mujer y debe responder, que porque tuviera algo convincente que decir—. Estaba más que claro que el rumbo que Laura había adoptado el día anterior le había ofrecido la ventaja si decidía aprovecharla, y que él había decidido aprovecharla. Sentí esto en su momento, y lo siento con la misma fuerza ahora, mientras escribo estas líneas en mi propia habitación. La única esperanza que queda es que sus motivos nazcan realmente, como él dice, de la fuerza irresistible de su afecto por Laura. > > Antes de cerrar mi diario por esta noche, debo consignar que hoy escribí, en interés del pobre Hartright, a dos de los antiguos amigos de mi madre en Londres, ambos hombres de influencia y posición. Si pueden hacer algo por él, estoy convencida de que lo harán. Salvo Laura, nunca me he sentido más preocupada por nadie como lo estoy ahora por Walter. Todo lo que ha sucedido desde que nos dejó no ha hecho más que acrecentar mi profundo afecto y simpatía hacia él. Espero estar haciendo lo correcto al intentar ayudarlo a encontrar empleo en el extranjero;
11.—Sir Percival tuvo una entrevista con el señor Fairlie, y me mandaron llamar para unirme a ellos. Encontré al señor Fairlie muy aliviado ante la perspectiva de que la «preocupación familiar» (como tuvo a bien calificar el matrimonio de su sobrina) quedara zanjada por fin. Hasta ahí, no creí necesario decirle nada sobre mi propia opinión, pero cuando procedió, de la manera más exasperantemente lánguida, a sugerir que lo mejor sería