Al despedirse del ama de llaves, la señorita Halcombe se dirigió inmediatamente al despacho de los señores Gilmore y Kyrle para consultar con este último en ausencia del señor Gilmore. Le mencionó al señor Kyrle lo que había considerado conveniente ocultar a todos los demás (incluida la señora Michelson): su sospecha sobre las circunstancias en las que se decía que lady Glyde había encontrado la muerte. El señor Kyrle, que ya había dado muestras amistosas de su deseo de servir a la señorita Halcombe, se comprometió de inmediato a realizar las indagaciones que la naturaleza delicada y peligrosa de la investigación que se le proponía permitiera.
Para agotar esta parte del asunto antes de avanzar más, cabe mencionar que el conde Fosco ofreció todas las facilidades al señor Kyrle, ante la declaración de este caballero de que había sido enviado por la señorita Halcombe para recabar los datos sobre el fallecimiento de Lady Glyde que aún no le habían llegado.
El señor Kyrle fue puesto en contacto con el médico, el señor Goodricke, y con los dos criados. A falta de medios para averiguar la fecha exacta de la marcha de Lady Glyde de Blackwater Park, el resultado del testimonio del médico y de los criados, así como de las declaraciones ofrecidas voluntariamente por el conde Fosco y su esposa, resultó concluyente para la mente del señor Kyrle.
Solo pudo asumir que la intensidad del sufrimiento de la señorita Halcombe, ante la pérdida de su hermana, había desorientado su juicio de un modo deplorable, y le escribió para decirle que la espantosa sospecha a la que ella había aludido en su presencia carecía, en su opinión, del más mínimo fundamento en la verdad.
Así empezó y terminó la investigación del socio del señor Gilmore.
Entre tanto, la señorita Halcombe había regresado a Limmeridge House, y había reunido allí toda la información adicional que pudo obtener.