jornaleros que trabajaban en la finca, no se me había pasado por la cabeza ni una sola vez. En un tiempo había pensado que podía ser el padre de Anne Catherick; en otro tiempo había pensado que podía ser el marido de Anne Catherick; el delito del que en realidad era culpable había estado, de principio a fin, más allá del alcance más amplio de mi imaginación.
Los mezquinos medios con los que se había llevado a cabo el fraude, la magnitud y la audacia del crimen que representaba, el horror de las consecuencias que acarreaba su descubrimiento, me abrumaron. ¿Quién podía extrañarse ahora de la inquieta brutalidad de la vida del desgraciado —de sus desesperadas alternancias entre la abyecta duplicidad y la temeraria violencia—, de la locura de la desconfianza culpable que lo había llevado a encerrar a Anne Catherick en el asilo y lo había entregado a la vil conspiración contra su esposa, ante la mera sospecha de que la una y la otra conocían su terrible secreto? La revelación de ese secreto podría, en años pasados, haberlo llevado a la horca; podría ahora condenarlo a trabajos forzados de por vida. La revelación de ese secreto, aun si las víctimas de su engaño le perdonaban las penas de la ley, lo privaría de un solo golpe del nombre, el rango, la propiedad y toda la existencia social que había usurpado. ¡Este era el Secreto, y era mío! ¡Una palabra mía, y la casa, las tierras, el título de baronet habrían desaparecido para siempre; una palabra mía, y sería expulsado al mundo como un paria sin nombre, sin un centavo y sin amigos! ¡Todo el futuro de aquel hombre pendía de mis labios, y a estas alturas lo sabía con tanta certeza como yo!
Ese último pensamiento me calmó. Intereses mucho más valiosos que los míos dependían de la prudencia que debía guiar desde entonces hasta mis más leves actos. No había traición posible que sir Percival no pudiera intentar contra mí. En el peligro y la desesperación de su posición, ningún riesgo lo detendría, ante ningún crimen retrocedería; literalmente, no dudaría en hacer nada para salvarse.