entonces suponía que Anne Catherick se encontraba confinada por segunda vez. Había sentido una gran curiosidad por la mujer en días anteriores, y ahora estaba doblemente interesada: primero, en averiguar si era cierto el rumor de que Anne Catherick había intentado suplantar a Lady Glyde, y segundo (si resultaba ser verdad), en descubrir por sí misma cuáles eran los verdaderos motivos de la pobre criatura para intentar tal engaño.
Aunque la carta del conde Fosco al señor Fairlie no mencionaba la dirección del manicomio, esa importante omisión no le supuso ninguna dificultad a la señorita Halcombe.
Cuando el señor Hartright se había encontrado con Anne Catherick en Limmeridge, le había informado de la localidad en la que se encontraba la casa, y la señorita Halcombe había apuntado las señas en su diario, junto con todos los demás pormenores de la entrevista tal como los oyera de los propios labios del señor Hartright.
En consecuencia, repasó la anotación y extrajo la dirección —provista de la carta del conde al señor Fairlie a modo de credencial que pudiera serle útil—, y partió sola hacia el manicomio el once de octubre.
Pasó la noche del undécimo día en Londres. Había tenido la intención de dormir en la casa habitada por la antigua institutriz de lady Glyde, pero la agitación de la señora Vesey ante la vista de la amiga más cercana y querida de su alumna perdida fue tan angustiosa que la señorita Halcombe se abstuvo con consideración de permanecer en su presencia y se trasladó a una respetable pensión del vecindario, recomendada por la hermana casada de la señora Vesey.
Al día siguiente se dirigió al asilo, situado no lejos de Londres, en el lado norte de la metrópoli.
La admitieron de inmediato para ver al propietario.