para botes y pasó oscura a lo largo del borde exterior de la bruma. Se detuvo muy lejos, frente a nosotros—esperó— y continuó; moviéndose lentamente, con la blanca nube de niebla detrás y encima de ella— lentamente, lentamente, hasta deslizarse por el borde del cobertizo de botes y no la vimos más. Ambas estábamos alteradas por lo ocurrido entre nosotras esa tarde. Transcurrieron varios minutos antes de que Laura seara aventurarse a entrar en la plantación y antes de que yo pudiera decidirme a conducirla de vuelta a la casa. —¿Era un hombre o una mujer? —preguntó en un susurro cuando por fin nos adentramos en la oscura y húmeda negrura del aire exterior. —No estoy segura. —¿Qué crees tú? —Parecía una mujer. —Temía que fuera un hombre con una capa larga. —Puede ser un hombre. Con esta luz tenue no es posible estar seguros. —¡Espera, Marian! Tengo miedo... no veo el sendero. ¿Y si la figura nos sigue? —Es muy poco probable, Laura. No hay realmente nada de qué alarmarse. Las orillas del lago no están lejos del pueblo, y son de libre tránsito para cualquiera de día o de noche. Lo único extraño es que no hayamos visto ninguna criatura viva por allí antes. Estábamos ya en la plantación. Estaba muy oscura—tan oscura que nos costaba mantenernos en el sendero. Le ofrecí mi brazo a Laura y caminamos lo más rápido que pudimos de regreso. Antes de llegar a la mitad del trayecto se detuvo y me obligó a pararme con ella. Estaba escuchando. —Chitón —susurró—. Oigo algo detrás de nosotros. —Hojarasca seca —le dije para
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I. Blackwater Park, Hampshire.
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