de nuevo. —Firmaré con mucho gusto —dijo—, si tan solo me tratas como a un ser responsable. Poco me importa qué sacrificio se me exija, si no afecta a nadie más y no conduce a malos resultados... —¿Quién ha hablado de que se te exija ningún sacrificio? —interrumpió él, con un retorno medio reprimido de su violencia anterior. —Solo quería decir —prosiguió ella— que no rechazaría ninguna concesión que pudiera hacer honrosamente. Si tengo escrúpulos en estampar mi firma en un compromiso del que no sé nada, ¿por qué habrías de castigármelo con tanta severidad? Me parece bastante duro, creo yo, tratar los escrúpulos del conde Fosco con tanta más indulgencia de la que has tenido con los míos. Esta desafortunada y a la vez de lo más natural alusión al extraordinario poder del conde sobre su esposo, por indirecta que fuera, volvió a encender al instante el temperamento latente de sir Percival. —¡Escrúpulos! —repitió—. ¡Tus escrúpulos! Es un poco tarde para que vengas a mostrarte escrupulosa. Hubiera pensado que ya habías superado toda debilidad de esa clase cuando hiciste de la necesidad virtud al casarte conmigo. Al instante de pronunciar esas palabras, Laura arrojó la pluma, lo miró con una expresión en los ojos que, en toda mi experiencia con ella, jamás les había visto antes, y le dio la espalda en un silencio absoluto. Esta rotunda manifestación del desprecio más abierto y amargo era tan totalmente impropia de ella, tan ajena a su carácter, que nos dejó a todos callados. Había algo oculto, sin lugar a dudas, bajo la pura brutalidad superficial de las palabras que
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I. Blackwater Park, Hampshire.
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