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nydus/The Woman in WhitePublic
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La continuación de la historia por Walter Hartright

La señora Clements (sintiendo una confianza natural en el Conde, por tratarse de una persona a la que se le había confiado un mensaje secreto de Lady Glyde) aceptó agradecida la oferta, y ambos regresaron juntos a la pequeña casa.

Anne estaba dormida cuando llegaron. El Conde se estremeció al verla (evidentemente por el asombro ante su parecido con lady Glyde). La pobre señora Clements supuso que solo le había impresionado ver lo enferma que estaba.

No quiso que la despertasen; se conformó con hacerle preguntas a la señora Clements sobre sus síntomas, con mirarla y con tocarle ligeramente el pulso.

Sandon era un lugar lo suficientemente grande como para tener una tienda de ultramarinos y farmacia, y allí fue el Conde a redactar su receta y a encargar la medicina. Él mismo la trajo de vuelta y le dijo a la señora Clements que el remedio era un estimulante poderoso, y que sin duda le daría a Anne fuerzas para levantarse y soportar la fatiga de un viaje a Londres de pocas horas solamente.

El remedio debía administrarse en horas determinadas ese día y al siguiente. Al tercer día estaría lo suficientemente bien como para viajar, y él concertó reunirse con la señora Clements en la estación de Blackwater para despedirlas en el tren del mediodía. Si no se presentaban, daría por sentado que Anne estaba peor y se dirigiría inmediatamente a la casita.

Como demostraron los acontecimientos, no se produjo ninguna emergencia de este tipo.

Esta medicina produjo un efecto extraordinario en Anne, y los buenos resultados de la misma se vieron favorecidos por la seguridad que la señora Clements pudo darle ahora de que pronto vería a lady Glyde en Londres.

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