Me presenté, por tanto, como alguien que llevaba a cabo una indagación familiar para cuyos objetivos ahorrar todo el tiempo posible era de gran importancia. Estaba ansioso por enviar ciertos datos particulares a Londres por el correo de aquel mismo día, y un solo vistazo al registro duplicado (pagando, por supuesto, los honorarios necesarios) podría proporcionarme lo que requería y ahorrarme un nuevo viaje a Old Welmingham. Añadí que, en caso de necesitar posteriormente una copia del registro original, solicitaría a la oficina del señor Wansborough que me facilitara el documento.
Después de esta explicación no se puso objeción a presentar la copia. Se envió a un dependiente a la cámara acorazada y, tras cierta demora, regresó con el tomo. Era exactamente del mismo tamaño que el volumen de la sacristía, con la única diferencia de que la copia estaba encuadrada con mayor elegancia. Me lo llevé a un escritorio desocupado. Me temblaban las manos; me ardía la cabeza; sentí la necesidad de ocultar mi agitación tan bien como pudiera a las personas que me rodeaban en la sala, antes de atreverme a abrir el libro.
En la página en blanco del principio, a la que me dirigí primero, había trazadas unas líneas con tinta descolorida. Contenían estas palabras:
“Copia del Registro de Matrimonios de la Iglesia Parroquial de Welmingham. Ejecutada bajo mis órdenes y comparada después, asiento por asiento, con el original, por mí mismo. (Firmado) Robert Wansborough, secretario parroquial.”
Debajo de esta nota se había añadido una línea, con otra caligrafía, del siguiente modo:
«Que abarca desde el primero de enero de 1800 hasta el treinta de junio de 1815».