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nydus/The Woman in WhitePublic
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I. Blackwater Park, Hampshire.

al volverse hacia mí, y la insolente injusticia de la conducta de su esposo, no me dejaban más alternativa que dar mi opinión, por su bien, tan pronto como se me requirió. —Dispense, sir Percival —dije—, pero como una de las testigos de la firma, me atrevo a pensar que sí tengo algo que ver en el asunto. La objeción de Laura me parece perfectamente justa y, hablando solo por mí, no puedo asumir la responsabilidad de ser testigo de su firma a menos que ella comprenda primero qué es el escrito que desea que firme. —¡Una declaración bien fresca, a fe mía! —exclamó sir Percival—. La próxima vez que se invite a sí misma a la casa de un hombre, señorita Halcombe, le recomiendo que no pague su hospitalidad poniéndose de parte de su esposa contra él en un asunto que no le concierne. Me puse en pie de un salto, tan repentinamente como si me hubiera golpeado. Si hubiera sido un hombre, lo habría derribado en el umbral de su propia puerta y habría abandonado su casa para no volver a pisarla jamás bajo ninguna circunstancia terrenal. ¡Pero yo era solo una mujer... y amaba tanto a su esposa! Gracias a Dios, ese amor fiel me ayudó y volví a sentarme sin decir una palabra. Ella sabía lo que yo había sufrido y lo que había reprimido. Corrió hacia mí con lágrimas brotando de los ojos. —¡Oh, Marian! —susurró con suavidad—. ¡Si mi madre hubiera estado viva, no habría podido hacer más por mí! —¡Vuelve y firma! —gritó sir Percival desde el otro lado de la

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