Codal
nydus/The Woman in WhitePublic
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I. Blackwater Park, Hampshire.

la señorita Halcombe, tal como la echaste con tu malicioso desatino sobre tu esposa. ¿Dónde tienes los ojos? ¿Puedes mirar a la señorita Halcombe y no ver que posee la previsión y la resolución de un hombre? Con esa mujer de mi parte, me reiría del mundo entero pasándome estos dedos por los morros. ¡Con esa mujer de enemiga, yo, con todo mi magín y mi experiencia; yo, Fosco, tan astuto como el mismísimo diablo, como me has dicho cien veces, camino, según vuestra expresión inglesa, sobre cáscaras de huevo! Y a esta gran criatura —brindo por su salud con mi agua azucarada—, a esta gran criatura, que se mantiene firme como una roca en la fuerza de su amor y su valor entre nosotros dos y esa pobre, frágil y bonita esposa tuya de pelo claro, a esta magnífica mujer, a la que admiro con toda el alma aunque me oponga a ella en tus intereses y en los míos, la empujas a los extremos como si no fuera más astuta ni más audaz que el resto de su sexo. ¡Percival! ¡Percival! Te mereces fracasar, y has fracasado. Hubo una pausa. Escribo las palabras del bellaco sobre mí porque tengo la intención de recordarlas, porque aún espero el día en que pueda hablar sin tapujos en su presencia y devolvérselas una a una a la cara. Sir Percival fue el primero en romper de nuevo el silencio. —Sí, sí, fanfarronea e injuria todo lo que quieras —dijo hosco—; el problema del dinero no es el único. Tú mismo tomarías medidas drásticas con las mujeres si supieras tanto

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