este otoño a visitar a su alumna—casi podría decir que a su hija adoptiva. Dejé a la buena y anciana señora sana y salva en su destino y al cuidado de su pariente, tranquilamente feliz ante la perspectiva de volver a ver a Laura dentro de pocos meses. > > En cuanto al señor Fairlie, creo que no cometo ninguna injusticia si lo describo como indeciblemente aliviado por tener la casa libre de mujeres. La idea de que eche de menos a su sobrina es sencillamente absurda: en los viejos tiempos solía dejar pasar los meses sin intentar verla—y, en el caso de la señora Vesey y en el mío, me tomo la libertad de considerar que el habernos dicho a ambas que estaba medio desolado por nuestra marcha equivale a una confesión de que se alegraba en secreto de vernos fuera de allí. Su último capricho le ha llevado a mantener a dos fotógrafos trabajando sin cesar en la obtención de imágenes al sol de todos los tesoros y curiosidades en su poder. Una copia completa de la colección de fotografías será entregada a la Institución de Mecánicos de Carlisle, montada sobre el cartón más fino y con ostentosas inscripciones en letras rojas que rezan: «Virgen con el Niño, de Rafael. En posesión de Frederick Fairlie, Esquire». «Moneda de cobre de la época de Tiglatpileser. En posesión de Frederick Fairlie, Esquire». «Grabado único de Rembrandt. Conocido en toda Europa como La Mancha , debido a una mancha de imprenta en la esquina que no existe en ningún otro ejemplar. Valorado en trescientas guineas. En posesión de Frederick
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I. Blackwater Park, Hampshire.
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