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nydus/The Woman in WhitePublic
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I. Blackwater Park, Hampshire.

también le ayuda necesariamente su inusual dominio de la lengua inglesa. Había oído hablar a menudo de la extraordinaria aptitud que muchos italianos muestran para dominar nuestra áspera, dura y norteña lengua; pero, hasta que vi al conde Fosco, jamás había considerado posible que ningún extranjero hablara inglés como lo habla él. Hay momentos en los que resulta casi imposible detectar por su acento que no es compatriota nuestro, y en cuanto a la fluidez, hay muy pocos ingleses natos que puedan hablar con tan pocas interrupciones y repeticiones como el conde. Podrá construir sus frases de un modo más o menos extranjero, pero jamás le he oído usar una expresión incorrecta ni titubear un solo instante al elegir una palabra. > > Todos los pequeños rasgos de este extraño hombre tienen algo marcadamente original y desconcertantemente contradictorio. Por muy gordo y viejo que sea, sus movimientos son asombrosamente ligeros y airosos. Es tan silencioso en una habitación como cualquiera de nosotras, las mujeres; y, más aún, con todo su aspecto de inequívoca firmeza y poder mental, es tan sensible y nervioso como la más débil de nosotras. Se sobresalta ante ruidos fortuitos tan inveteradamente como la propia Laura. Ayer se encogió y se estreme-ció cuando Sir Percival golpeó a uno de los spaniels, hasta el punto de que me avergoncé de mi propia falta de ternura y sensibilidad en comparación con el conde. > > El relato de este último incidente me trae a la memoria una de sus peculiaridades más curiosas, que todavía no he mencionado⁠—su extraordinaria debilidad por los animales de compañía. > > Algunos de

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