sus motivos. Busqué a Madame Fosco a continuación y la encontré siguiendo su circuito favorito una y otra vez alrededor del estanque de los peces. > Tenía ciertas dudas sobre cómo me recibiría tras el estallido de celos del que había sido causa hacía tan poco. Pero su marido la había domesticado en el ínterin, y ahora me habló con la misma amabilidad de costumbre. Mi único objetivo al dirigirme a ella era averiguar si sabía qué había sido de Sir Percival. Me las ingenié para aludir a él indirectamente y, tras un pequeño esgrima por ambas partes, por fin mencionó que había salido. > —¿Cuál de los caballos se ha llevado? —le pregunté con descuido. > —Ninguno —respondió—. Se marchó hace dos horas a pie. Según tengo entendido, su propósito era hacer nuevas averiguaciones sobre la mujer llamada Anne Catherick. Parece mostrar una inquietud desmedida por dar con su rastro. ¿Sabe por casualidad si está peligrosamente loca, señorita Halcombe? > —Lo ignoro, condesa. > —¿Va a entrar? > —Sí, creo que sí. Supongo que pronto será hora de vestirse para la cena. > Entramos juntas en la casa. Madame Fosco entró paseando en la biblioteca y cerró la puerta. Fui de inmediato a buscar mi sombrero y mi chal. Cada instante era de importancia si quería llegar hasta Fanny en la posada y estar de vuelta antes de la cena. > Cuando volví a cruzar el vestíbulo ya no había nadie y el canto de los pájaros en la biblioteca había cesado. No podía detenerme a hacer nuevas indagaciones. Solo pude cerciorarme de que el camino estaba
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I. Blackwater Park, Hampshire.
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