A la mañana siguiente de mi regreso de Hampshire, llevé a Marian arriba, a mi estudio, y allí le expuse el plan que hasta entonces había madurado para dominar el único punto vulnerable en la vida de sir Percival Glyde.
El camino hacia el Secreto conducía a través del misterio, hasta entonces impenetrable para todos nosotros, de la mujer de blanco.
A su vez, este misterio podía abordarse obteniendo la ayuda de la madre de Anne Catherick, y el único medio averiguable de persuadir a la señora Catherick para que actuara o hablara sobre el asunto dependía de la probabilidad de que yo descubriera detalles locales y familiares, ante todo, a través de la señora Clements.
Tras meditar el asunto con detenimiento, tuve la certeza de que solo podía iniciar las nuevas pesquisas poniéndome en contacto con la fiel amiga y protectora de Anne Catherick.
La primera dificultad, pues, fue encontrar a la señora Clements.
Estaba en deuda con la rápida percepción de Marian por haber satisfecho esta necesidad de inmediato con el mejor y más sencillo de los medios.
Propuso escribir a la granja cerca de Limmeridge (Todd’s Corner) para averiguar si la señora Clements se había comunicado con la señora Todd durante los últimos meses.
Cómo se había separado la señora Clements de Anne era algo que nos resultaba imposible decir, pero una vez efectuada esa separación, a la señora Clements sin duda se le ocurriría preguntar por la mujer desaparecida en el vecindario al que más se sabía que estaba apegada de entre todos: el vecindario de Limmeridge.
Vi enseguida que la propuesta de Marian nos ofrecía una perspectiva de éxito, y escribió a la señora Todd en consecuencia con el correo de ese mismo día.