vez no encontrara una segunda oportunidad de salir de la casa a salvo. > —Mantén la llave echada en la cerradura, Laura —le dije—, y no temas por mí. Si oyes que alguien pregunta, grita a través de la puerta y di que he salido a dar un paseo. > —¿Cuándo volverás? > —Antes de la cena, sin falta. Valor, amor mío. A esta hora de mañana tendrás a un hombre sensato y digno de confianza obrando por tu bien. El socio del señor Gilmore es nuestro segundo mejor amigo después del propio señor Gilmore. > Apenas me hube quedado a solas, un momento de reflexión me convenció de que era mejor no aparecer con mi atuendo de paseo sin haber descubierto antes qué se traían entre manos en la planta baja de la casa. Todavía no había averiguado si Sir Percival estaba dentro o fuera. > El canto de los canarios en la biblioteca y el olor a humo de tabaco que salía por la puerta, que no estaba cerrada, me indicaron al instante dónde se encontraba el conde. Miré por encima del hombro al pasar junto al dintel y vi, para mi sorpresa, que estaba exhibiendo la docencia de los pájaros con sus maneras más encantadoramente educadas al ama de llaves. Debía de haberla invitado expresamente a verlos, pues a ella jamás se le habría ocurrido entrar en la biblioteca por propia voluntad. Los actos más insignificantes de aquel hombre tenían algún tipo de propósito en el fondo de cada uno de ellos. ¿Cuál podía ser su propósito allí? > No era momento entonces de indagar en
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I. Blackwater Park, Hampshire.
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