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nydus/The Woman in WhitePublic
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La continuación de la historia, por el señor Frederick Fairlie, de Limmeridge House

puesto?) Al ser despedida, había ido a la posada a dormir. > (Yo no tengo la posada; ¿por qué me lo menciona

Entre las seis y las siete, la señorita Halcombe había venido a despedirse y le había entregado dos cartas, una para mí y otra para un caballero en Londres. (¡Yo no soy un caballero en Londres; que le den al caballero en Londres!)

Se había guardado cuidadosamente las dos cartas en el pecho (¿qué tendré que ver yo con su pecho?); se había sentido muy desgraciada cuando la señorita Halcombe se había marchado de nuevo; no le había quedado el ánimo para probar bocado ni gota de nada hasta que casi era la hora de acostarse, y entonces, cuando faltaba poco para las nueve, había pensado que le apetecería una taza de té. (¿Soy yo responsable de todas estas vulgares fluctuaciones que empiezan con la desgracia y terminan con el té?)

Justo cuando estaba calentando la tetera (cito las palabras por autoridad de Louis, quien dice saber lo que significan y desea explicarlas, pero lo rebajo por principio), justo cuando estaba calentando la tetera se abrió la puerta, y se quedó de una pieza (nuevamente palabras suyas, y perfectamente incomprensibles esta vez tanto para Louis como para mí) ante la aparición en el salón de la posada de su señoría la condesa. Ofrezco la descripción que la doncella de mi sobrina hace del título de mi hermana con un sentido del más alto deleite. Mi pobre y querida hermana es una mujer pesada que se casó con un extranjero.

Para resumir: la puerta se abrió, su señoría la condesa apareció en el salón, y la jovencita se quedó de una pieza. ¡Notable a más no poder!

Debo descansar un poco de veras antes de poder seguir adelante. Cuando me haya recostado unos minutos, con los ojos cerrados, y cuando Louis me haya refrescado las sienes doloridas con un poco de *eau

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