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nydus/The Woman in WhitePublic
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I. Continuación de la historia por Walter Hartright

decirlo con la mano en el corazón y en mi conciencia: las esperanzas de Laura para el futuro se encuentran en su punto más bajo. Sé que su fortuna se ha perdido; sé que la última oportunidad de devolverle su lugar en el mundo está a merced de su peor enemigo, de un hombre que ahora es absolutamente invulnerable, y que puede seguir siéndolo hasta el final. Despojada de toda ventaja terrenal, con toda perspectiva de recuperar su rango y posición más que dudosa, sin más horizonte claro ante ella que el porvenir que su marido pueda proporcionarle, el pobre profesor de dibujo puede por fin abrir su corazón sin peligro. En los días de su prosperidad, Marian, yo no era más que el maestro que guiaba su mano; ¡la pido, en su adversidad, como la mano de mi esposa!

Los ojos de Marian se encontraron con los míos con afecto⁠: no pude decir más. Tenía el corazón oprimido y los labios me temblaban. A pesar de mí mismo, corría el riesgo de apelar a su compasión. Me levanté para salir de la habitación. Ella se levantó al mismo tiempo, puso su mano con suavidad sobre mi hombro y me detuvo.

—¡Walter! —dijo—, en su día los separé a ambos, por el bien de usted y por el de ella. ¡Espere aquí, hermano mío!; ¡espere, mi queridísimo y mejor amigo, hasta que Laura venga y le cuente lo que he hecho ahora!

Por primera vez desde la mañana de la despedida en Limmeridge, tocó mi frente con sus labios. Una lágrima cayó sobre mi rostro al besarme. Se dio la vuelta rápidamente, señaló la silla de la que me había levantado y salió de la habitación.

Me senté solo junto a la ventana para aguardar la crisis de mi vida. Mi mente, en aquel intervalo sin aliento, se antojaba como un absoluto vacío. No tenía conciencia de nada, salvo de una intensidad dolorosa en todas mis percepciones habituales. El sol se volvió de una luminosidad

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