CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/The Woman in WhitePublic
Página 301 de 944
Table of Contents

La continuación de la historia por Marian Halcombe, en extractos de su diario

El día después de nuestra marcha a Polesdean Lodge, Sir Percival le escribió, al parecer, al señor Fairlie para comunicarle que las reparaciones y reformas necesarias en su casa de Hampshire requerirían mucho más tiempo del que había previsto en un principio. Los presupuestos correspondientes se le presentarían tan pronto como fuera posible, y facilitaría enormemente su acuerdo definitivo con los obreros si se le informaba del período exacto en el que cabría esperar la celebración de la boda. Así podría hacer todos sus cálculos respecto al tiempo, además de escribir las disculpas necesarias a los amigos que se habían comprometido a visitarle ese invierno y a los que, por supuesto, no se les podía recibir con la casa en manos de los obreros. A esta carta había respondido el señor Fairlie pidiendo al propio Sir Percival que sugiriera un fecha para el enlace, sujeta a la aprobación de la señorita Fairlie, lo cual su tutor se comprometió de buena gana a intentar conseguir. Sir Percival contestó por el siguiente correo y propuso (¿de acuerdo con sus propias miras y deseos desde el principio?) la última parte de diciembre —tal vez el veintidós, o el veinticuatro, o cualquier otro día que la dama y su tutor prefirieran—. Como la dama no estaba a mano para hablar por sí misma, su tutor había decidido, en su ausencia, el primero de los días mencionados: el veintidós de diciembre, y en consecuencia nos había escrito para llamarnos de vuelta a Limmeridge. Tras explicarme estos pormenores en una entrevista privada celebrada ayer, el señor Fairlie sugirió, de la manera más amable, que yo iniciara las gestiones necesarias hoy mismo. Sabiendo que la resistencia era inútil a menos que primero obtuviera la autorización de Laura para oponerme, accedí a hablar con ella, pero declaré al mismo tiempo que bajo ningún concepto me comprometería a conseguir su asentimiento a los deseos de Sir Percival. El señor Fairlie me felicitó por mi «excelente conciencia», casi del mismo modo en que me habría felicitado, si hubiera estado dando un paseo, por mi «excelente constitución», y pareció perfectamente satisfecho, por el momento, con haberse simplemente

301