algo de su carácter que han ocultado en otros lugares, y Sir Percival ya ha manifestado una manía por el orden y la regularidad que resulta una revelación totalmente nueva en él, por lo que a mi conocimiento previo de su carácter se refiere. Si cojo un libro de la biblioteca y lo dejo sobre la mesa, me sigue y lo vuelve a guardar. Si me levanto de una silla y la dejo donde he estado sentada, la devuelve cuidadosamente a su sitio contra la pared. Recoge del suelo los pétalos de flores caídos y murmura para sus adentros con tanto descontento como si fueran ascuas que le queman agujeros, y chilla a los sirvientes si hay una arruga en el mantel o falta un cubierto en su sitio en la mesa con tanta furia como si le hubieran insultado personalmente. > > Ya me he referidos a las pequeñas molestias que parecen haberle afligido desde su regreso. Gran parte de la alteración a peor que he notado en él puede deberse a esto. Intento persuadirme de que es así, porque no deseo desanimarme ya respecto al futuro. Desde luego, pone a prueba el temple de cualquiera tropezarse con un disgusto en el preciso instante en que pone el pie en su propia casa tras una larga ausencia, y esta circunstancia molesta le ocurrió realmente a Sir Percival en mi presencia. > > La noche de su llegada, el ama de llaves me siguió hasta el vestíbulo para recibir a su amo, a su señora y a sus invitados. En cuanto la vio, Sir Percival preguntó si alguien
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I. Blackwater Park, Hampshire.
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