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nydus/The Woman in WhitePublic
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La continuación de la historia por Walter Hartright

reloj y una cadena de oro nuevos, escondidos en el cajón de su mujer —cosas que nadie más que una señora de nacimiento debería tener jamás— y su mujer no quiere decir cómo los ha conseguido». «¿Cree que los ha robado?», le digo yo. «No —dice él—, robar sería bastante malo. Pero esto es peor que eso, no ha tenido oportunidad de robar cosas como esas, y no es mujer para llevárselas aunque la hubiera tenido. Son regalos, Lizzie —están grabadas sus propias iniciales dentro del reloj—, y Catherick la ha visto hablar a solas, y andarse con confianzas que no debe una mujer casada, con ese caballero de luto, Sir Percival Glyde. No digas nada de esto; ya le he calmado a Catherick para esta noche. Le he dicho que guarde silencio, y que tenga los ojos y los oídos bien abiertos, y que espere un par de días hasta poder estar bien seguro». «Creo que los dos se equivocan —digo yo—. No cabe en cabeza humana, con lo cómoda y respetable que es su vida aquí, que la señora Catherick se enrede con un perfecto desconocido como Sir Percival Glyde». «Sí, pero ¿es un desconocido para ella? —dice mi marido—. Olvidas cómo se casó la mujer de Catherick con él. Fue a buscarlo por su propia voluntad, después de decirle que no una y otra vez cuando se lo pidió. Ha habido mujeres malvadas antes que ella, Lizzie, que se han servido de hombres honrados que las querían para salvar su reputación, y me temo mucho que esta señora Catherick es tan malvada como la peor de ellas. Ya veremos —dice mi marido—, ya lo veremos muy pronto». Y apenas dos días después lo vimos”.

Mrs. Clements esperó un momento antes de continuar. Aun en ese instante, empecé a dudar de si la pista que creía haber encontrado me conduciría realmente, después de todo, al misterio central del laberinto. ¿Era esta común, demasiado común, historia de la traición de un hombre

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