mis asuntos cuando ya no esté a mi servicio. Diga la verdad, y nada más que la verdad, ¡o le irá peor! Vea a la señorita Halcombe con sus propios ojos; compruebe si no la han atendido tan bien en una parte de la casa como en la otra. Recuerde las propias órdenes del médico de que Lady Glyde debía cambiar de aires a la primera oportunidad posible. ¡Tenga todo eso muy presente y luego atrévase a decir algo en contra de mí y de mis actos!
Vertió estas palabras con fiereza, de un solo aliento, dando pasos adelante y atrás, y golpeando el aire a su alrededor con la fusta.
Nada de lo que dijo o hizo cambió mi opinión sobre la vergonzosa serie de falsedades que había contado en mi presencia el día anterior, ni sobre el cruel engaño con el que había separado a lady Glyde de su