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nydus/The Woman in WhitePublic
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El relato del conde

pusieron las de Anne Catherick, con el más estricto respeto por eldecoro, por las manos maternales de la buena Rubelle. Durante todo el día mantuve a nuestra paciente en un estado de consciencia parcialmente suspendida, hasta que la hábil ayuda de mis amigos médicos me permitió conseguir la orden necesaria un poco antes de lo que me había atrevido a esperar. Esa tarde (la tarde del 27), Madame Rubelle y yo llevamos a nuestra reanimada «Anne Catherick» al asilo. Fue recibida con gran sorpresa, pero sin sospechas, gracias a la orden y a los certificados, a la carta de Percival, al parecido, a la ropa y al propio estado mental confuso de la paciente en aquel momento. Regresé de inmediato para ayudar a Madame Fosco en los preparativos del entierro de la falsa «Lady Glyde», conservando en mi poder la ropa y el equipaje de la verdadera «Lady Glyde». Más tarde fueron enviados a Cumberland en el carruaje que se utilizó para el funeral. Asistí al funeral, con la dignidad apropiada, ataviado con luto riguroso.

Mi narración de estos extraordinarios acontecimientos, escrita bajo circunstancias igualmente extraordinarias, termina aquí. Las menores precauciones que observé al comunicarme con Limmeridge House ya se conocen; también el magnífico éxito de mi empresa, así como los sólidos resultados pecuniarios que la siguieron. Tengo que afirmar, con toda la fuerza de mi convicción, que el único punto débil de mi plan jamás se habría descubierto de no haberse descubierto antes el único punto débil de mi corazón. Nada, salvo mi fatal admiración por Marian, me impidió acudir en mi propio auxilio cuando ella efectuó la huida de su hermana. Corrí el riesgo y confié en la completa destrucción de la identidad de Lady Glyde. Si Marian o el señor Hartright intentaban reivindicar dicha

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