zapatos de la joven me arruinaran el día. > Hay un límite incluso para mi
Louis afirmó categóricamente que se podía confiar en sus zapatos. Hacíle un gesto con la mano. Él la presentó.
¿Es necesario decir que expresó su sensación de vergüenza cerrando la boca y respirando por la nariz? Para el estudioso de la naturaleza humana femenina en las clases bajas, ciertamente no.
Déjenme hacerle justicia a la muchacha. Sus zapatos no crujían.
Pero ¿por qué los jóvenes al servicio de otros transpiran todos por las manos? ¿Por qué todos tienen narices gruesas y mejillas duras? ¿Y por qué son sus rostros tan tristemente inacabados, especialmente alrededor de los rabillos de los párpados?
No tengo fuerzas para pensar profundamente por mí mismo sobre ningún tema, pero apelo a los profesionales, que sí las tienen. ¿Por qué no tenemos variedad en nuestra raza de jóvenes?
—¿Tiene una carta para mí, de la señorita Halcombe? Déjela en la mesa, por favor, y no tire nada. ¿Cómo está la señorita Halcombe?
“Muy bien, gracias, señor.”
“¿Y lady Glyde?”
No recibí respuesta. El rostro de la joven se volvió más inacabado que nunca, y creo que empezó a llorar. Desde luego, vi algo húmedo en sus ojos. ¿Lágrimas o transpiración? Louis (a quien acabo de consultar) se inclina a pensar que lágrimas. Él pertenece a su misma clase social y debería saberlo mejor. Digamos que