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nydus/The Woman in WhitePublic
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La continuación de la historia, por el señor Frederick Fairlie, de Limmeridge House

Él es un asno, yo soy un enfermo, y es probable que cometamos toda clase de errores entre los dos. ¡Qué humillante!

Me dicen que recuerde fechas. ¡Dios mío! Jamás hice tal cosa en mi vida; ¿cómo voy a empezar ahora?

He preguntado a Louis. No es tan imbécil como hasta ahora había supuesto. Recuerda la fecha del acontecimiento con una semana o dos de margen, y yo recuerdo el nombre de la persona. La fecha era hacia finales de junio o principios de julio, y el nombre (en mi opinión, notablemente vulgar) era Fanny.

A finales de junio, o principios de julio, pues, me hallaba reclinado en mi estado habitual, rodeado de los diversos objetos de arte que he reunido a mi alrededor para refinar el gusto de la bárbara gente de mi vecindario.

Es decir, tenía las fotografías de mis cuadros, y grabados, y monedas, y demás, dispuestas por todas partes, las cuales tengo intención, uno de estos días, de donar (las fotografías, digo, si la torpe lengua inglesa me permite decir lo que quiero) de donar a la institución de Carlisle (¡lugar horrendo!), con vistas a mejorar el gusto de sus miembros (godos y vándalos hasta el último hombre).

Podría suponerse que un caballero que estaba en vías de otorgar un gran beneficio nacional a sus compatriotas era el último caballero del mundo en ser agobiado sin miramientos por dificultades privadas y asuntos familiares. Gran error, se lo aseguro, en mi caso.

Sin embargo, allí estaba yo, recostado, con mis tesoros artísticos a mi alrededor, y deseando una mañana tranquila. Como deseaba una mañana tranquila, por supuesto que entró Louis. Era perfectamente natural que le preguntara qué demonios se proponía apareciéndose cuando yo no había tocado el timbre. Rara vez digo palabrotas —es una costumbre tan poco caballerosa—, pero cuando Louis respondió con una sonrisa

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