hizo una reverencia solemne, como si quisiera presentarnos a su conciencia en calidad de incorporación ilustre a la sociedad—. Qué sea este documento que lady Glyde va a firmar —continuó—, ni lo sé ni deseo saberlo. Solo digo esto: en el futuro pueden darse circunstancias que obliguen a Percival, o a sus representantes, a apelar a los dos testigos, en cuyo caso resulta sin duda conveniente que dichos testigos representen dos opiniones perfectamente independientes la una de la otra. Esto no puede ser si mi esposa firma además de mí, porque entre ambos tenemos una sola opinión, y esa opinión es la mía. No quiero que me echen en cara, algún día venidero, que Madame Fosco actuó bajo mi coacción y que no fue, a decir verdad, testigo en absoluto. Hablo en interés de Percival cuando propongo que aparezca mi nombre (como el amigo más cercano del marido) y el suyo, señorita Halcombe (como la amiga más cercana de la esposa). Soy un jesuita, si así le place pensarlo; un buscador de cinco pies al gato; un hombre de minucias, caprichos y escrúpulos; pero se dignará complacerme, espero, por consideración piadosa hacia mi suspicaz carácter italiano y mi incómoda conciencia italiana. —Hizo una reverencia de nuevo, retrocedió unos pasos y retiró su conciencia de nuestra sociedad con tanta cortesía como la había introducido. Los escrúpulos del conde podían ser lo bastante honorables y razonables, pero había algo en su modo de expresarlos que acrecentaba mi reticencia a verme involucrada en el asunto de la firma. Ninguna consideración de menor importancia que mi afecto por Laura me habría inducido
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I. Blackwater Park, Hampshire.
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