CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/The Woman in WhitePublic
Página 880 de 944
Table of Contents

I. Continuación de la historia por Walter Hartright

su propia conciencia su pasividad— delataba claramente que los medios para ejercer la terrible justicia de la Hermandad estaban a su disposición, aunque, como hombre naturalmente piadoso, se había rehusado a decirlo sin rodeos en mi presencia. La mortal certeza con la que la venganza de las sociedades políticas extranjeras puede dar caza a un traidor a la causa, por mucho que este se esconda, se había exemplificado demasiadas veces, incluso en mi superficial experiencia, como para permitir la menor duda. Si consideraba el asunto tan solo como un lector de periódicos, acudían a mi memoria casos, tanto en Londres como en París, de extranjeros hallados apuñalados en las calles cuyos asesinos jamás pudieron ser rastreados; de cadáveres y trozos de cadáveres arrojados al Támesis y al Sena por manos que nunca pudieron descubrirse; de muertes por violencia secreta que solo podían explicarse de una manera. No he disimulado nada referente a mí mismo en estas páginas, y no disimulo aquí que creía haber escrito la sentencia de muerte del conde Fosco, si se presentaba la emergencia fatal que autorizaba a Pesca a abrir mi sobre.

Salí de mi habitación para bajar a la planta baja de la casa y hablar con el casero sobre la posibilidad de buscarme un mensajero. Casualmente él iba subiendo las escaleras en ese momento y nos encontramos en el descansillo. Su hijo, un muchacho avispado, fue el mensajero que me propuso al enterarse de lo que quería. Hicimos subir al chico y le di mis instrucciones. Tenía que llevar la carta en un coche de punto, entregarla en las propias manos del profesor Pesca y traerme una línea de acuse de recibo de dicho caballero, regresando en el coche y reteniéndolo en la puerta para mi uso. Faltaba entonces poco para las diez y media. Calculé que el muchacho podría estar de vuelta en veinte minutos y que, a su regreso, yo podría ir en coche a St. John’s Wood en otros veinte minutos.

Cuando el muchacho hubo partido en su recado, regresé a mi propia habitación por un breve momento para poner ciertos papeles en orden,

880