I
Al cerrar la última hoja del manuscrito del Conde, la media hora durante la cual me había comprometido a permanecer en Forest Road había expirado. Monsieur Rubelle miró su reloj e hizo una reverencia. Me levanté de inmediato y dejé al agente en posesión de la casa vacía. Nunca volví a verle; nunca supe más de él ni de su esposa. Saliendo de los oscuros senderos de la villanía y el engaño, se habían arrastrado hasta cruzarse en nuestro camino; y hacia esos mismos senderos regresaron arrastrándose en secreto para perderse en ellos.
Un cuarto de hora después de dejar Forest Road, ya estaba en casa.
Bastaron pocas palabras para contarle a Laura y a Marian cómo había terminado mi desesperada empresa, y cuál era probablemente el próximo acontecimiento en nuestras vidas.
Dejé todos los detalles para describirlos más tarde en el día, y regresé apresuradamente a St. John’s Wood para ver a la persona a quien el conde Fosco le había encargado el carruaje de alquiler cuando fue a recibir a Laura a la estación.
La dirección que obraba en mi poder me condujo a unas caballerizas de alquiler (livery stables), situadas a cosa de un cuarto de milla de Forest Road. El propietario resultó ser un hombre educado y respetable. Cuando le expliqué que un asunto familiar importante me obligaba a pedirle que consultara sus libros con el fin de averiguar una fecha que los registros de sus transacciones comerciales podían proporcionarme, no puso objeción alguna a conceder mi solicitud. Se trajo